Bailemos sin más,
mientras estemos cerca, siempre habrá música.
Al ritmo de nuestros besos y caricias,
al sol que calienta nuestra sonrisa.
Bailemos hasta que el cuerpo aguante,
bailemos sin música, por amor al arte.
Pero bailemos esta noche, la de mañana y todas.
Bailemos, pues esta será nuestra oda.
En la comisura de tus labios,
hayo mi deseo más profundo.
Como un colibrí que me seduce con su aleteo,
y le sigo sin pensarlo.
Una especie de droga, de lo más dulce y sutil,
labios de encanto, labios carnosos y llenos de miel.
Me miras y me pierdo, y solo me hayo en esa sed.
Sed de ti, que me enloquece, con solo verte sonreír.
Hay tanta magia en nuestros labios,
piel y miradas, que basta con mirarnos de reojo
para que salten chispas.
Hay tanto fuego en tus manos,
que basta una caricia para hacerme palpitar.
Y ya en un beso nos recorremos por completo,
esa explosión de sentimientos que nos hace vibrar.
Pero sobretodo hay magia en nuestros corazones,
y cuando escucho tu latir lo siento...
un deseo infinito por perderme entre tus brazos,
y soñar juntos sin mayor necesidad.

Patéticos personajes,
esos príncipes azules de traje y corbata.
Que van de galanes por la vida
y acaban metiendo la pata.
Y convierten a la más dulce
y noble dama,
en una aunténtica fiera.
Ironía es que te encandilen con falsas palabras,
milongas baratas que te venden y una escucha y compra.
Al final el príncipe azul se destiñe,
y bajo su traje esconden la espada.
Espada con la que apuñalan a quien les da la real gana.
Porque son muy príncipes y marqueses,
señores nobles y valientes,
tan galanes y tan señores;
que no saben de la humildad,
del respeto, y sus valores.
Recuerdo aquella noche en la que mi único vestido
eran tus brazos alrededor de mi cintura,
y la luna clamaba porque volviéramos a cantar.
Y no me cansaba de vestirte de besos y caricias,
de poemas en tu espalda y de hacer eternos esos instantes.
Eras pura magia, y cuando llegabas
mi mundo ardía en la más absoluta locura.
Perder la cabeza es poco decir,
no había cordura, ni deseos que parecieran lejanos.
Todo era perfecto sin más, como un sueño...
Y ahí está el dilema, fuiste ese sueño que quedó a medias.